Dios y la Mente Racional

Dios y la Mente Racional

January 18th, 1981 @ 8:15 AM

Hechos 17-18

DIOS Y LA MENTE RACIONAL Dr. W. A. Criswell Hechos 17-18 1-18-81  8:15 a.m.   Hoy comenzamos la serie sobre la doctrina de Dios Mismo, que es la teología correcta.  Hay siete mensajes en esta serie. Comienza hoy con Dios y la Mente Racional. A menudo...
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DIOS Y LA MENTE RACIONAL

Dr. W. A. Criswell

Hechos 17-18

1-18-81  8:15 a.m.

 

Hoy comenzamos la serie sobre la doctrina de Dios Mismo, que es la teología correcta.  Hay siete mensajes en esta serie. Comienza hoy con Dios y la Mente Racional.

A menudo encontramos, en la historia del formidable ministerio del apóstol Pablo, que “razonó” con la gente. En la sinagoga, en Hierápolis ante el procurador romano, Pablo “razonó.” Por ejemplo, en Hechos 17, el primer versículo habla de su llegada a Tesalónica, capital de la provincia romana de Macedonia. Y luego el siguiente versículo dice que, “Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos” [Acts 17:2].  En la parte central y en la última parte de ese capítulo Pablo está de pie ante los atenienses, el centro universitario del mundo antiguo. Vamos a hablar, entonces, de su mensaje razonado a los atenienses.

Fijémonos en el capítulo 18, lo siguiente, Hechos capítulo 18. El versículo 4 dice que Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Ahora nos fijamos en el versículo 4: “Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.”  En este mismo capítulo 18, vemos en el versículo 19: “Y llegó a Éfeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos”.

¿Podría señalar otro? En el capítulo 24, versículo 25. Hechos 24 versículo 25, Félix es un ciudadano disoluto, vil y perverso del Imperio Romano, y el procurador de la provincia de Judea. Está casado con una judía, ella es la hermana de Herodes Agripa II. Su nombre es Drusilla. Félix y Drusila, sentados en su palacio, llamaron a Pablo y le oyeron hablar acerca de la fe en Cristo. Yo no sé que esperaría él escuchar de Pablo. Creo que una historia increíble que tal vez pudiera sacarles una sonrisa o una mueca. Pero veamos lo que dicen las Escrituras en el versículo 25: “…al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó”. Podríamos traducirlo como “Se aterrorizó”. Y dijo: “Cuando tenga oportunidad te llamaré”.  Pero mira lo que hizo Pablo: Estando en presencia del tribunal, “disertó acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero.”  Todo esto es simplemente un contexto para que entendamos que la fe cristiana se dirige a la mente del hombre; Dios y la Mente Racional.

No podemos evitar buscar respuestas en nuestros corazones, en nuestras mentes. Estamos hechos así. Nosotros mismos reclamamos, buscamos una respuesta razonable.  Platón, escribió acerca del racionalismo griego: “Un hombre debe tratar de explicar las cosas, porque es un hombre, no solo porque es un griego.” Platón está confesando que todos estamos hechos así. No es solo el griego quien tiene la mente inquieta y busca respuestas. Platón señala que todos somos así, y todos buscamos una explicación de las cosas.

No solo nuestras propias mentes y nuestros corazones buscan una respuesta razonable a la fe. Sino que otros nos preguntan y debemos responder. Creo que no es una respuesta para nosotros despreciar al materialista, al humanista, al ateo o al infiel. Se merecen una respuesta. Y yo no creo que sea apropiado que ignoremos las preguntas y las dudas que surgen en la mente de nuestra gente.

Dios nos hizo así. Somos hechura suya. Tenemos una mente libre y Dios nos dio libertad de elección, elección en el pensamiento, elección en la aceptación, elección en las creencias, elección en la fe, elección en la obediencia. Dios nos hizo libres. Nuestras mentes son libres. Nuestras almas son libres. Dios hizo esto en el Jardín del Edén. Él dio a nuestros primeros padres y, a través de ellos a todos nosotros, la libertad de elección. Estamos hechos de esa manera. Un hombre puede encarcelarme. Él puede encarcelar mi cuerpo, pero no mi mente y mi alma. Dios me hizo libre.

Y esta es la razón por la que es algo maravilloso utilizar el instrumento, el arma que Dios nos dio, del razonamiento, de la persuasión. Porque si ganamos la mente y el corazón de un hombre, ganamos al hombre mismo. Dios dirige la mente, el alma y el corazón hacia Su Verdad. Él es el Dios de la Verdad. Él se revela como el Dios de los hechos y de la realidad. Y habla de esta Verdad cuando lo hace a nuestra mente.

Dios se dirige a la mente, al alma. El cristianismo es una fe o una religión intelectualmente apropiada. Se puede entender. Así que a medida que comenzamos este sermón introductorio sobre Teología, sobre Dios, lo hacemos tal como Él se dirige a la mente.

En el Libro de los Hechos Pablo habla acerca del único y verdadero Dios revelado en Cristo Jesús a politeístas paganos, esos que se postran a muchos, muchos dioses y diosas. No habrían tenido ningún problema en absoluto con el mensaje de Pablo, si simplemente les hubiera dicho que añadieran otro dios. Júpiter, Juno, Venus, Diana, Artemisa, Baco, Saturno, no habrían tenido problemas para añadir a otro, Jesús.

Pero hay otro grupo, los filósofos paganos. “Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos, lo encontraron.” Estos hombres eran materialistas ateos, o démosle la vuelta, eran ateos materialistas. Estaban en un grupo diferente. Eran hombres universitarios, instruidos, filósofos de primer orden y tienen un tipo de acercamiento completamente diferente a las cosas de Dios. Ellos se burlaban de las deidades mitológicas de los adoradores paganos. Para ellos era inconcebible, inimaginable, como lo es para nosotros, que haya dioses que vivan en el Monte Olimpo. Eran hombres cultos pero también, ateos. Eran materialistas vulgares y groseros.

El primero que se nombra es el epicúreo.  Demócrito estableció la base filosófica de los epicúreos. Él murió en el año 370 a.C. Propuso y promulgó la idea de la estructura atómica del universo. Hay una palabra griega timno. Significa “cortar.” Y una forma adjetival de ella tomas, que significa “cortable, divisible.” El alfa privativa delante de ella hace que salga la palabra atomas “átomo, no cortable, indivisible, la partícula más pequeña a la que se puede reducir el mundo material”.

La explicación filosófica de Demócrito sobre el universo consistía en que este no es más que un vasto concurso de no cortables, de indivisibles. La palabra griega es “átomos.” Los átomos más refinados comprenden el alma humana y los átomos más ordinarios comprenden el mundo que nos rodea. No hay diferencia en cuanto a la sustancia en la estructura atómica. Solo en su forma, tamaño y calidad. La vida surge cuando algunos de estos átomos fortuitos, giradores, atropellados, se unen y la muerte ocurre cuando se separan. Así se combinan, se disuelven, se recombinan y todo el mundo es solo atómico. Es átomos. Esa fue la enseñanza filosófica de Demócrito.

Lo que hizo Pablo, en lugar de aceptar el fundamento materialista de este mundo atómico como dios de todo lo que existe y como el único dios que nunca conoceremos, Pablo predicó la personalidad de Dios, la realidad de un Señor viviente. Y lo hizo de una forma maravillosa.  En el breve espacio que tenemos esta mañana, hablaremos de dos cosas que Pablo observa, razones que conciernen a la realidad de un Dios personal que es diferente y está por encima de la creación material que nos rodea.

Primero de todo, Pablo declara que el corazón humano es en sí mismo testigo de la realidad de un Dios vivo y personal. Y comienza así:

 

Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos…

[Hechos 17:23-28]

 

Esta es una manifestación de que nuestros corazones son testigos de la realidad de un Dios vivo y personal. O podría decirse así: Todas las filosofías materialistas de la tierra no pueden ahogar el lamento instintivo del corazón humano por un Dios personal.

La gran pregunta del universo, de la vida humana, de la historia, es esta: No Oriente u Occidente, no Comunismo o Democracia, sino la gran pregunta de la vida que lo incluye todo es esta: ¿Existe un Dios que me conozca, que se preocupe por mí? ¿Existe un Dios vivo y personal?

Este es uno de los pensamientos más trágicos que pueda entrar en la mente humana, si se ha depositado en nosotros un anhelo, un hambre y una sed de Dios, que solo han sido burlados y ridiculizados, despreciando ese hambre en nuestras almas. Si tal cosa existe, si es cierto que tenemos esa hambre de Dios solo para burlarse de nosotros, entonces esta sería la excepción a todo lo que observamos en el universo que nos rodea.

El apóstol Pablo escribe que esto que Dios ha hecho, poner en nuestros corazones un anhelo de Dios, es porque debemos “buscar al Señor, seguirle, y lo encontraremos, porque Él no está lejos de ninguno de nosotros. Porque en él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. Y si este anhelo de Dios en cada corazón humano fuera colocado allí para burlarse de nosotros, esta sería la única excepción en todo el universo. Porque por todas partes hay razones en el propósito y en el diseño de todo lo que vemos. Es inherente, innato, en todo lo que vemos, la razón y el diseño con un propósito. No hay ninguna excepción a esto. No tenemos tiempo para describirlo, para delinearlo, pero solo en un minuto.

El Sol en el centro y la Tierra gira a su alrededor, si la Tierra se desacelerara un poquito, la gravedad la lanzaría hacia el Sol. Si la Tierra se acelerara un poco, sería lanzada al espacio. Pero esta se mueve justo en el diseño y propósito correctos, para permitirnos a nosotros estar aquí. O también, si la Tierra estuviera un poco más cerca del Sol nos quemaríamos. Si estuviera un poco más lejos del Sol nos congelaríamos hasta la muerte. Su finalidad y su diseño consisten en que podamos vivir.

Veo esto, como tú, en todos los ámbitos de la existencia: Hay una aleta en el pez con un propósito. Hay un ala en el pájaro con un propósito. Hay una pezuña en el caballo con un propósito. Hay una mano en el hombre con un propósito. ¿Debemos, por lo tanto, decir que el anhelo y el hambre de Dios, que tenemos en nuestros corazones, no tienen sentido ni propósito? Si es así, sería la única excepción en el universo.

Pablo dice, dirigiéndose a la mente racional, que el hecho de que tenemos hambre y sed de Dios en nuestros corazones es para que podamos conocerle: “Porque él no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, y nos movemos y tenemos nuestro ser”. Dios y la mente racional: Que le queramos, que pensemos en Él, que tengamos hambre de Él, están ahí con el diseño y el propósito de que podamos conocerlo, amarlo, servirlo.

La segunda cosa que Pablo menciona: Habla de este Hombre al que Dios ha enviado, por medio del cual Él nos ha dado seguridad al resucitarlo de los muertos.  Dios y la mente racional: Encontramos y conocemos a Dios en el gran, maravilloso e incontrovertible universo que es Jesús nuestro Señor, el Dios conocible, la revelación de Dios, la manifestación de Dios, un Señor personal, amante y cuidadoso. Repito, el gran hecho incontrovertible e universal de todos los tiempos es Jesús, la manifestación, la revelación, la encarnación de Dios, Dios hecho carne.

La tierra no puede enterrar a Cristo. La tumba no puede retenerle, ni la muerte destruirle.  No se puede construir una tumba lo suficientemente profunda para enterrarle. Todas las nubes no son lo suficientemente amplias como hacerle de sudario. Y ninguna piedra en la tierra podría cubrir su tumba. Él se levanta y asciende al cielo, pero el cielo de los cielos no puede contenerlo.

Vive como una zarza ardiendo sin consumirse en su iglesia y en nuestros corazones mientras caminamos y hablamos con Él por el camino. El gran hecho de todos los tiempos y de la historia es Jesús, el Señor. Él está en el mismísimo centro de la historia de la humanidad, como una gran montaña imponente. Y la pendiente se remonta al principio de la creación alcanzando hasta la gran consumación de los tiempos.

Los ojos de los siglos pasados le buscaban en la mirada profética, y nosotros le miramos en la fase histórica. Él está en el mismísimo centro de la historia humana. Antes de Él se dice A.C., “antes de Cristo”. Después de Él se fecha D.C.: “Anno Domini, año de Nuestro Señor.”

Si observamos sobre la faz de la tierra, todas las naciones de occidente escriben de izquierda a derecha. Todas ellas escriben de izquierda a derecha en la escritura occidental, de izquierda a derecha, y todas las naciones de oriente escriben de derecha a izquierda. Pero todas las naciones convergen, tanto en lo cultural como en la vida nacional, en Cristo. El centro de la historia está allí, en Belén y en el Calvario.

Él  es la manifestación, la revelación de Dios.  Es alguien que se puede conocer, que se puede alcanzar, que se puede tocar. Es personal para el joven, para el hombre y la mujer de edad adulta, para los ancianos y para los enfermos, es alcanzable.

Colosenses 1:15 dice: “El es la imagen del Dios invisible.”  Colosenses 2:9 afirma: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.”  Hebreos 1 versículo 3 expresa: “…el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia.”

Conocer a Jesús es conocer a Dios. Amar a Jesús es amar a Dios. Seguir a Jesús es seguir a Dios. Adorar a Jesús es adorar a Dios. Dios se revela y se nos manifiesta en Jesús, nuestro Señor. Y la plenitud de esta revelación es para siempre llena de luz y de gloria.

2ª de Corintios 4:6 nos dice: ” Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. Cuando Dios quiere señalar a los hombres la luz de su conocimiento y de su gloria, ¿cómo lo hace? ¿Hacia quién dirige nuestra mirada? ¿Señala a las grandes obras de sus manos? No. ¿Señala a las providencias de la vida? No. ¿Señala a las estrellas y a los hechos astronómicos? No. Señala a Jesucristo.

¿Quieres conocer a Dios? Mira a Jesús. Las lágrimas de Jesús son la piedad de Dios. La dulzura de Jesús es la paciencia de Dios. La ternura de Jesús es el amor de Dios. Un Dios personal, un Dios vivo. No es de extrañar que Tomás le mirara, se inclinara en su presencia y clamara, diciendo: “¡Señor mío y Dios mío!”  [Juan 20:28].

Dios y la mente racional: Dirige su llamado a nuestras almas, a nuestros corazones, a nuestras mentes. Es una fe comprensible. Es la manera de vivir triunfalmente. Es la forma de morir gloriosamente. Y es una promesa que permanece en la victoria y en el triunfo siempre. Ahora bien, ¿podremos permanecer?

Nuestro Señor, no somos ciegos supersticiosos que van buscando detrás de la nada, de la esterilidad, de la vanidad, de la decepción, de la desesperación y la desesperanza. Nos hemos entregado a un gran hecho, a una tremenda realidad, la presencia de Dios, a quien conocemos como Yahvé, Jehová, en el Antiguo Testamento, y que reconocemos como nuestro Señor, Jesús en el Nuevo Testamento. Querido Dios, ¿cómo podremos amarte lo suficiente como para que te reveles a nosotros de forma tan íntima, bella, preciosa, para enseñarnos, para vivir entre nosotros, para morir por nuestros pecados, para interceder por nosotros en el cielo, para venir por nosotros algún día?