La Suma de la Escritura

La Suma de la Escritura

October 26th, 1980 @ 10:50 AM

Hechos 17:11-12

LA SUMA DE LA ESCRITURA: EL AVISO DE LA HERÁLDICA Dr. W. A. Criswell Hechos 17:11-12 10-26-80  10:50 a.m. Les habla el pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, y el sermón de hoy correspondiente a la serie sobre bibliología se titula La Suma de...
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LA SUMA DE LA ESCRITURA:

EL AVISO DE LA HERÁLDICA

Dr. W. A. Criswell

Hechos 17:11-12

10-26-80  10:50 a.m.

Les habla el pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, y el sermón de hoy correspondiente a la serie sobre bibliología se titula La Suma de la Escritura: El anuncio Heráldico. El capítulo XVII del libro de los Hechos es la base del mensaje. En este capítulo, los misioneros Pablo, Timoteo y Silas han llegado a Tesalónica, capital de la provincia romana de Macedonia.

 

Y Pablo, como acostumbraba, entró en la sinagoga y durante tres días, tres días de reposo, discutió con ellos sobre las Escrituras, declarando y exponiendo que Cristo había de padecer y resucitar, y que este Jesús a quien él predicaba es el Mesías de Dios, el Cristo, el Ungido.

[Hechos 17:1-3]

Ahora, en el versículo 10, han llegado a Berea. Y en Berea “escudriñaban las Escrituras diariamente.” El versículo 12 dice: “Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres”  [Hechos 17:10-13].

Detengámonos un momento, mirando estas palabras: en Tesalónica, en el versículo 2, por tres días de reposo “discutió” con ellos-dialego. Él presentó el testimonio bíblico y las razones de por qué estas grandes verdades doctrinales que predicaba eran tan-dialego: razonar. En este versículo se ha traducido así: “Abriendo y exponiendo”. La palabra griega para la mente es dianoia y cuando la convertimos en un verbo es, dianoigo-“abrir”, así se traduce aquí. Dianoigo: significa abrir los oídos, los ojos, el corazón, la mente y la comprensión.

El fanatismo emocional que encontramos en la fe cristiana puede o no  tener lugar. Sin embargo, no hay nada en este mundo más razonable que ser cristiano, un hijo de Dios. Dianoigo: traducida aquí como “abrir”: abrir los oídos, la mente y el corazón a la verdad de Dios.

Y luego “alegando”-alegando que Cristo es el Señor. Eso es paratithemi. Tithemi es la palabra para “colocar”, tithemiPara  es al lado. Así que la palabra “alegando” es una traducción de paratithemi. Él “puso al lado,” él “puso en frente” estas grandes verdades espirituales del evangelio de Cristo.

Ahora, por un momento, miraremos esta palabra sobre Berea. Ellos “escudriñaban las Escrituras.” Eso es un buen término legal: Anakrino. Significa investigar, examinar, juzgar. Y examinaron las Escrituras. Investigaron la Palabra de Dios e hicieron juicios sobre lo que Dios tenía que decir.

Y entonces, esta pequeña expresión “Por tanto, muchos de ellos creyeron.” Después de haber abordado con acierto,  estudiado, comparado e investigado -la expresión traducida como “Por tanto, muchos creyeron”, es muy enfática en la forma en que el autor Lucas la escribe. Hay una pequeña partícula en griego, men, significa “ciertamente” y oun, significa por lo tanto. Y escribe las dos aquí: “men oun , muchos de ellos creyeron” – men oun  “ciertamente, por lo tanto muchos de ellos creyeron” como resultado de su estudio de la Palabra de Dios, las Sagradas Escrituras.

Hay dos declaraciones, hay dos fenómenos concomitantes, corolarios, apéndices de este estudio exegético, tan breve como es. Hay dos cosas, hay dos conclusiones que son muy evidentes. La número uno es la siguiente: el centro del ministerio de Pablo era la Sagrada Escritura. Cuando Pablo predicaba, eso es lo que predicaba. Cuando Pablo se levantó, lo hizo con una Biblia en la mano. Expuso el camino de Dios, él compartió el mensaje de las Escrituras. Esa es la primera cosa que es muy evidente.

Pablo resumió toda la actitud y el mensaje que tenía sobre la Biblia en 2 Timoteo 3:16 hasta 4:[2]. Y recordad: ” Toda la Escritura, dijo, es inspirada por Dios, y útil para enseñar” ” Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes…con toda paciencia y doctrina.” Esa primera declaración es tan cierta: el centro de la circunferencia y la base del ministerio de Pablo era predicar las Sagradas Escrituras.

Ahora, la segunda conclusión, el segundo corolario de este pasaje no es menos claro: las Escrituras señalan a Jesús. Nos llevan a una fe en el Señor. Después de haber abierto,  alegado,  buscado, juzgado y examinado, por lo tanto, ellos creyeron. Las Escrituras nos señalan a Jesús. Nos llevan al Señor. La suma de las Escrituras es un anuncio heráldico.

Y he resumido toda la Biblia en tres declaraciones, que son las tres partes del mensaje de hoy. Uno: el Antiguo Testamento es el anuncio: “Alguien viene-Alguien viene: el Cristo, el Mesías de Dios, el Salvador prometido del mundo, Él viene”. Ese es el Antiguo Pacto: “Alguien viene”. El segundo: en el Nuevo Testamento, y en el mensaje del Evangelio: “Alguien está aquí. Él es Jesús, nuestro Señor, nuestro Cristo. Alguien está aquí”. Y el tercer gran anuncio heráldico: ” Alguien va a venir de nuevo, el Señor, el Rey Jesús”. Esa es toda la Biblia, esa es la suma de toda la Escritura.

En primer lugar, el Antiguo Testamento, el Antiguo Pacto: “Alguien viene.” Y el Antiguo Pacto, las Escrituras del Antiguo Testamento, lo presentan de tres formas: mediante la promesa, mediante arquetipos y por vívida descripción de la palabra. Alguien viene en la promesa, la Biblia comienza de esa manera. En el Protoevangelio, Génesis 3:15, la simiente de la mujer herirá la cabeza de Satanás. Como digo, los antiguos rabinos estudiaron ese versículo durante miles de años y nunca pudieron entender: una mujer no tiene simiente, el hombre tiene la simiente. Pero la promesa dice que la simiente de la mujer herirá la cabeza de Satanás: el nacimiento virginal de nuestro Señor. Él viene.

En Génesis 49, cuando Israel, muriendo, reúne a su alrededor a sus hijos patriarcales, se dirige a Judá, y dice: “El cetro no se apartará de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán  los pueblos” [Génesis 49:10]. Alguien viene.

Cuando Moisés se enfrentó al final de su vida, reunió a su pueblo en las llanuras de Moab, y dijo: “Después de que me haya ido, Dios levantará un profeta a ti como a mí” [Hechos 3:22].  Alguien se acerca.

Dios envió al profeta Natán a David para anunciarle que, después de que él se reuniera con sus padres, Dios le daría un hijo que sería sentado en el trono de David para siempre: “Y su reino no tendrá fin” [1 Crónicas 17:11-12].  Alguien grande y maravilloso  viene. Alguien viene.

Cuando llego a la conclusión del Antiguo Pacto, o sea a las Escrituras del Antiguo Testamento, Malaquías anuncia: “Yo envío mi mensajero delante de mi cara”, eso es Juan ho baptiztes, Juan el bautista -“mi mensajero que os enviaré delante de mí. Y el Señor a quien vosotros buscáis vendrá súbitamente a su templo”. Alguien se acerca. “Y a vosotros que teméis al Señor”, agregó Malaquías, “nacerá el Sol de justicia con sanidad en sus alas” [Malaqias 4:2].  Alguien se acerca. Esa promesa entró en la vida misma de todo Israel.

En arquetipos, todo presenta el día glorioso en que Él vendrá. El sacrificio de Isaac en el monte Moriah por Abraham, es un arquetipo de la venida de nuestro Señor. El Cordero de la Pascua- algo extraño para que lo haga Dios. Y los que estaban bajo la sangre serían salvos: un arquetipo del “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto “, un arquetipo del Señor que tenía que venir.

Cristo es presentado en la tipología del tabernáculo. El altar, que es Su cruz, la cruz del sacrificio. La vasija: el lavamiento de agua por la palabra: “vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”, dijo [Juan 15:3]. La puerta: es el camino al cielo. En la parte izquierda, en el lado sur, el candelabro de siete brazos: “Él es la luz del mundo”. A la derecha, el lado norte, la mesa del pan: “Él es el pan de vida,” el maná del cielo, la comida de los ángeles. El altar de oro del incienso: Él es nuestro gran intercesor y mediador. El velo de su carne, rasgado en dos, por lo cual tenemos acceso directo a Dios y la santa arca de la alianza, cubierta con la sangre de la expiación. Todo eso es sobre Él. Alguien viene.

Y no tengo tiempo ni siquiera de mencionar esas palabras-dramáticas, detalladas y específicas, con respecto a la venida de nuestro Señor. Por ejemplo, el Salmo veintidós: esto nunca le sucedió a David, a pesar de que es un salmo de David: “Horadaron mis manos y mis pies. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” [versículo 6]. Él viene.

Los capítulos cincuenta y dos y cincuenta y tres de Isaías -podríamos pensar que Isaías estaba en la cruz, tal como describe el sufrimiento de nuestro Señor: ” Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo….” “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho…. “Todo el pacto del Antiguo Testamento es que: Alguien viene, nuestro Señor y Salvador.

La segunda parte de la Biblia es la siguiente: Alguien está aquí, Jesús, el Cristo. Los cuatro evangelios lo presentan maravillosamente. Mateo escribió para los judíos. El tema del Evangelio de Mateo es: “Sucedió esto, se cumplió lo que habló el profeta, cuando dijo….” Él comienza su evangelio así: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y su nombre será Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” [Mateo 1:22-23] Así es Mateo. Él está aquí.

Marcos escribió su Evangelio para los romanos. Aquí Cristo se presenta como el gran hacedor de milagros, el Hombre de autoridad y acción. Al romano le gustaría esto.

Lucas escribió su evangelio para el dolor de la humanidad. Él es el médico amado y escribe sobre el nacimiento de nuestro Señor íntimamente, como él aprendió la historia de María, la madre [capítulo 1]. Es Lucas quien escribe sobre el buen samaritano. Es Lucas quien narra la historia del hijo pródigo [capítulo 15]. Es Lucas quien nos habla del Señor buscando a Zaqueo, el recaudador de impuestos odiado [capítulo 19]. Es Lucas quien describe la agonía de Jesús, cuya sangre en su oración en Getsemaní mancha el suelo [capítulo 22]. Y es Lucas quien describe a los dos en el camino a Emaús, tan tristes y abatidos [Lucas 24:13-35]. Este es Lucas, describe a nuestro Señor como el sanador de las heridas de la humanidad.

Juan, el santo apóstol Juan, presenta a nuestro Señor aquí, Dios en la carne. Según Juan, es el Hijo del Hombre, naciendo de mujer, hecho de carne y hueso. Pero también es el Hijo de Dios:  “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” [Juan 1:14]. “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” [Juan 1:17]. Así es Juan. Como Hijo del Hombre, nuestro Señor fue bautizado en agua. Pero como el Hijo de Dios, Él es el Único, dice Juan, que bautiza con el Espíritu Santo  [Juan 1:33]. Ese es Juan. Como Hijo del Hombre nuestro Señor tuvo sed y pidió agua de una mujer en el pozo. Pero como el Hijo de Dios caminó sobre el mar [Juan 4:7; 6:19]. Este es Juan. Como Hijo del hombre, nuestro Señor tuvo hambre. Pero, como Hijo de Dios, Él alimentó a los cinco mil [Juan 6:1-13]. Este es Juan. Como Hijo del hombre, Él lloró con tristeza ante la tumba de Lázaro. Pero como Hijo de Dios lo levantó de entre los muertos [Juan 11:35, 43-47]. Este es Juan.

Como Hijo del hombre fue herido y magullado, le arrancaron la barba y lo coronaron con una corona de espinas. Pero como Hijo de Dios Él llevó todos nuestros dolores y llevó todas nuestras enfermedades [Juan 19:1-37]. Así es Juan.

Como Hijo del Hombre fue clavado en la cruz, sufrió y murió. Pero como Hijo de Dios se desató las ligaduras de la muerte y de la tumba, y reina y vive para siempre en el cielo nuestro Señor y Salvador triunfante [Juan 20:1-16]. Este es Juan. Así es Juan.

Y este es Juan: “Él está con nosotros para siempre, vivo y en nuestros corazones”. Esos hermosos capítulos de Juan: 14, 15, 16, el Señor dice: “Os conviene que yo me vaya. Porque si me voy, os lo enviaré, el Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.

¿No es un milagro que vemos ante nuestros ojos? Allá en el Oriente, en Europa, y en América del Sur, donde quiera que alguien abra su corazón a Jesús, tiene la plenitud del Señor.

¿No es increíble? Todo de Él-todo de Él esa gente allí, todo de Él nuestra gente aquí: dondequiera que estemos, la plenitud del bendito Jesús está en nuestros corazones. Alguien está aquí. Alguien está aquí.

Ahora, la tercera y la última sección de la Biblia: la suma del anuncio heráldico -Alguien viene otra vez. Alguien viene otra vez.

Supongo que más lágrimas han caído sobre las hojas del capítulo catorce de Juan que en cualquier otro lugar de la Biblia y más allá que en toda la literatura del mundo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Voy a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez… “Alguien viene otra vez. “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” [Juan 14:1-3].

Alguien viene a por nosotros. Alguien se está preparando para nosotros. Alguien viene otra vez. Esa es la Biblia: la suma de toda la Escritura. Era el anuncio alegre de los ángeles: “Este mismo Jesús, que viste subir al cielo, así vendrá de la misma manera” [Hechos 1:11].  Alguien viene otra vez. Fue la predicación de Simón Pedro: “a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas”, el desenlace de la historia está en Él. Alguien viene otra vez. Fue la predicación de Pablo:

 

Para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

[1 Tesalonicenses 4:13-17]

Alguien viene otra vez.

Fue la predicación del autor de Hebreos en el capítulo 10: “Esto es lo que digo, porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” [Versículo 37]. Fue la predicación del pastor en Jerusalén, Santiago el hermano del Señor, en el quinto capítulo de su pequeño libro: ” Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca” [versículo 8].

Y el Apocalipsis: la primera palabra es apokalupsis, la revelación, la venida del Señor Jesús. El texto del libro es el séptimo versículo del primer capítulo: ” He aquí que viene en las nubes, y todo ojo le verá…” Y se cierra con este maravilloso anuncio, anuncio heráldico: ” El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve“ [Apocalipsis 22:20]. Y la oración de respuesta del Santo Juan:”Amén; sí, ven, Señor Jesús.” Alguien viene otra vez.

Nuestro maravilloso, maravilloso Salvador. ¡Oh, si tuviéramos la lengua de un ángel! Si tuviéramos el fuego de un serafín, si tuviéramos la compasión amorosa de un querubín, para así magnificar a nuestro glorioso Señor y Rey Jesucristo. Lo que Él significa para nosotros la palabra no lo podría decir, la pluma no lo podría escribir, la canción no lo puede cantar, solo nuestros corazones rebosantes. Y el Espíritu que conoce la mente de nuestras almas, lleve nuestro amor y gratitud al trono de la gracia de Dios. ¡Oh Señor, más allá de cualquier forma en la que podamos decirlo, te alabamos por el bendito Señor Jesús!