La Forma de las Sanas Palabras

La Forma de las Sanas Palabras

October 20th, 1980 @ 8:15 AM

2 Timoteo 1:13

LA FORMA DE LAS SANAS PALABRAS Dr. W. A. Criswell 2 Timoteo 1:13 10-12-80     8:15 a.m. Les habla el pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas. Y nos encontramos, a estas horas de la mañana, una larga serie de las grandes doctrinas de la...
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Bibliología, 1980, 2 Timoteo

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LA FORMA DE LAS SANAS PALABRAS

Dr. W. A. Criswell

2 Timoteo 1:13

10-12-80     8:15 a.m.

Les habla el pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas. Y nos encontramos, a estas horas de la mañana, una larga serie de las grandes doctrinas de la Biblia. Y el mensaje de hoy: La forma de las sanas palabras, otro en la serie sobre bibliología.

El mensaje de hoy, el mensaje doctrinal, se basa en una de las palabras más inusuales que se encuentran en las epístolas de Pablo. En 2 Timoteo 1:13 Pablo escribe a su hijo en el ministerio, “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.”.

Ahora el trasfondo del mensaje: “Retén la forma de las sanas palabras.” La palabra “sanas”, “sanas palabras”, tenemos una palabra en castellano “higiene”, y se ha tomado de la palabra griega que se usa aquí, traducida como “sana”. Hugiano, la “u” se convierte en una “i” cuando se convierte en una palabra de castellano, higianoHugiano significa “estar bien”, que significa “tener salud”. Así que la forma sustantiva significa “saludable, bienestar”, que se refiere a nuestra fuerza espiritual. Ahora, la palabra pasó a referirse a la ortodoxia. Por ejemplo, en 1 Timoteo 1:10, Pablo se referirá a la “sana doctrina”, y utilizamos la palabra con en esa connotación. A veces decimos que alguien es un “predicador sano”. Queremos decir con eso que es un predicador verdadero, fiel y ortodoxo. Bueno, esa es la forma en que la palabra se usa aquí: “las sanas palabras, las palabras verdaderas, fieles y ortodoxas”.

Pablo era muy rígido, un creyente inflexible de la verdadera revelación de Dios. La flacidez, la debilidad de la creencia era anatema para él. Pablo decía que igual que el cuerpo humano, sin una estructura esquelética, es un montón inútil y sin sentido, también decía que un sistema de enseñanza de la doctrina, que no tuviera en ella grandes compromisos, revelaciones espirituales, rigidez de la verdad, no sería más que un sofisma flácido. Así que se usa la palabra “sana”, en referencia a la ortodoxia, fiel a la verdad de Dios. ¿Os dais cuenta de que pone esa palabra hugiano con la palabra “logos”, “palabras”? Pablo dice en 1 Corintios 2:13, “De estas cosas hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.” ¿Veis las palabras? “No es la sabiduría que el hombre ha hecho aparecer, sino las palabras que enseña el Espíritu Santo.” Esa es una observación notable a hacer acerca de la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras: que la revelación viene a nosotros en las palabras de Dios, en las palabras de Cristo, en palabras que el Espíritu Santo enseña, habla, practica.

Ahora bien, cuando  leemos la Biblia encontramos las ideas expresadas al igual que Pablo ha declarado aquí. Esta expresión se encuentra muy a menudo en la Biblia: “Y la palabra del Señor vino a”, y luego cierto orador, o cierto profeta o determinado autor o escritor, “la palabra del Señor vino a él”. Fijémonos en esto: no es “la idea” vino a él, o la “sugerencia” vino a él, o “la programación” vino a él, o la “experiencia” vino a él, ni siquiera “el Espíritu Santo” vino a él, sino “la palabra del Señor vino a él.”

“¿Qué palabras hablamos? no las palabras de sabiduría humana, sino las palabras que el Espíritu Santo enseña, habla y practica.” Eso es algo extraordinario. Cuando tenemos en nuestras manos las Sagradas Escrituras, tenemos en nuestras manos las palabras de Dios. Así que Pablo escribe aquí, “las sanas palabras”. Luego utiliza un término que emplearemos el resto de nuestro mensaje, que se titula La forma de las sanas palabras: “Retén la forma de las sanas palabras.” Es una expresión inusual para mí en castellano. Las palabras de Dios tienen una forma, tienen una figura, siguen un cierto paradigma, un cierto patrón, un cierto esbozo o un determinado esquema o diseño, y esa es la palabra que se usa aquí, traducida como “forma”. La palabra griega es hupotupao, que en realidad significa “perfilar, delinear”. Y el sustantivo de la palabra, “hupotuposis” es “un patrón, un modelo”. “Retén la forma de las sanas palabras.” Cuando estudiamos las palabras de Dios, las Sagradas Escrituras, como escribió Pablo en 1 Corintios 2:13, ” De estas cosas hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.” Cuando comparamos las palabras de Dios, acomodando lo espiritual a lo espiritual, cuando hacemos eso, si tenemos toda la revelación de Dios y estudiamos todas las palabras del Señor, de ella surgirá un patrón, una forma, un esbozo, un paradigma, un modelo, una declaración doctrinal. Y es proporcionadamente hermoso. Si no le añadimos nada, si no le quitamos nada, sino que la presentamos como Dios nos ha hablado y nos la ha revelado a nosotros, surgirá. Acomodando lo espiritual a lo espiritual, las palabras de Dios con las palabras de Dios, surgirá una síntesis doctrinal que es hermosa y proporcionada – si no la cambiamos.

Es exactamente como, por ejemplo, una estrella de cinco puntas: puedes estirarla, puedes extender sus líneas hasta el infinito, pero si no cambias los ángulos, aunque esté extendida, siempre será una bella y proporcionada estrella de cinco puntas. Pues bien, la forma, el paradigma, el modelo, la figura, la síntesis doctrinal que se nos revela en la Palabra de Dios es así. Mientras no cambiemos las líneas o los ángulos, sino que la presentamos tal y como es, estará siempre perfectamente proporcionada, tendrá una forma hermosa. Pero si cambiamos el ángulo, y si cambiamos las líneas, entonces distorsionamos la revelación de Dios. Es por eso que en la vida humana de un hombre él es lo que cree. Y si cambian las creencias del hombre cambia el hombre. Esta es la verdad de un predicador: si cambia su postura doctrinal, cambia el predicador. Y esta es la verdad de una iglesia. Si una iglesia cambia los ángulos y las líneas de su compromiso doctrinal la iglesia cambiaría. Si el predicador, la iglesia y los que aman a Dios, reciben toda la Palabra del Señor será en su todo su conjunto bello y armonioso. Tiene una forma, un esquema que es proporcionado y hermoso.

Bien, una segunda cosa acerca de esa forma, esa síntesis doctrinal, ese paradigma, ese modelo, ese ejemplo: cuando nos fijamos en ella, toda la revelación doctrinal de Dios, vemos que siempre es armoniosa, siempre es auto-coherente, siempre es fáctica, celestial, espiritualmente verdadera. Es decir, toda la revelación de Dios es homogénea, es la misma siempre. No dice, por ejemplo, algo es cierto en este caso, y más tarde dice que es falso, sino que es la verdad hasta el final. O bien, podría decirse así: el paradigma de Dios, la forma de las sanas palabras, es la verdad eterna. Es cierta siempre.

Ahora permitidme ilustrar eso. En la Palabra de Dios, como ya estudiamos, así como la revelación, la auto-revelación de Dios en las Sagradas Escrituras es dada a nosotros, el infierno no era algo hace 1600 años, y hoy es otra cosa. El infierno no era eterno en el siglo pasado, y hoy en día es un período de prueba, o no existe en absoluto. En el paradigma de Dios, en la forma de la gran síntesis doctrinal de Dios, es lo mismo, no cambia. Si había un infierno hace 1.600 años, también lo hay hoy. Y si ardía entonces, también arde hoy. Y si era impresionante entonces, es impresionante hoy. La Palabra de Dios no cambia con el cambio de actitudes o culturas, sino que sigue siendo la misma siempre.

Lo mismo pasa con la depravación humana. La depravación humana, es decir, la doctrina de que todos hemos caído, estamos caídos en nuestras mentes, estamos caídos en nuestras emociones, estamos caídos en nuestras deseos, estamos caídos en nuestras acciones, somos personas caídas, la doctrina de la depravación humana no era “una verdad ayer, pero hoy no lo es.” El gran paradigma de Dios, la forma de las sanas palabras, es cierta siempre. Siempre es cierta.

Tomemos de nuevo la redención. La redención no era una cosa en la época de la sangre del cordero pascual y luego otra cosa en el Nuevo Testamento, cuando dice: “Y la sangre de Jesucristo, Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado” [1 Juan 1:7]. La redención es la misma hasta el final. En Levítico 17:11, las leyes mosaicas confiesan, ” porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas, pues la misma sangre es la que hace expiación por la persona. “Ahora, la palabra “altar “y” sacrificio “y” expiación “y” sangre “es la misma siempre. Esa es la razón por la que Dios nos dio diferentes tipos, para poder hacernos entender la nomenclatura de los cielos. Y la expiación de Cristo, y el altar sobre el que yacía muerto, y la expiación de los pecados en el derramamiento del carmesí de Su vida, toda esta doctrina es la misma siempre.

No sólo es eterna, sino que la gran verdad de la revelación de Dios en estas Santas Escrituras es universal. Aplica a todas partes de todos los tiempos. Dos más dos son cuatro no es cierto sólo en Europa, también es cierto en Estados Unidos, y es cierto en las islas Hawái. Es universal. Tampoco hay lugar o momento en que la verdad de Dios no sea la misma, y siempre aplicable. No importa el nivel que tengas en matemáticas, la verdad es siempre la misma: dos más dos son cuatro en aritmética, lo mismo que en álgebra, lo mismo que en geometría, lo mismo en trigonometría, por más lejos que vayas en matemáticas, si una misma verdad siempre es cierta, es de aplicación universal. Ahora, eso no quiere decir que no haya avances en nuestro entendimiento. Eso no quiere decir que no sepamos más, y que no recibamos más luz mientras continuamos a estudiando y entendiendo. Pero la verdad de Dios es así: cualquier nueva verdad que podamos aprender, nunca contradice la antigua verdad, sino que se construye sobre ella. Siempre es de aplicación universal. Ese es Dios. Y esa es la Palabra de Dios.

Muy bien, otra cosa al respecto: esta forma de las sanas palabras, esta síntesis de doctrina, ese paradigma, ese modelo que encontramos en la Biblia, es inspirado por Dios,  viene del Señor.  En 2 Timoteo 3:16 lo llama, theopneustos, inspirado por Dios”, viene de Él, Dios lo hizo, tal como Dios lo hizo, y hemos hablado de cómo el universo denota homogeneidad. Es lo mismo en todas partes, se aplican las mismas leyes, doctrinas. Así que este libro que Dios ha escrito, también es homogéneo, es el mismo en todos los sentidos, y tiene una hermosa proporción. Y cuando se presenta, tiene un significado maravilloso aplicable a todos nuestros corazones. Ahora estamos hablando del hecho de que viene de Dios, es inspirada por Dios, viene de él.

Ahora bien, hay quienes dicen que la Biblia no es más que una antigüedad, una colección de literatura antigua escrita por un pueblo oscuro y primitivo – yo les llamo “liberales” y “altos críticos”. Bueno, si eso es cierto, si la Biblia no es más que una colección de literatura antigua escrita por un pueblo oscuro y primitivo, según nuestro  progreso, ¿por qué no escribimos una mejor Biblia? Bien, esta Biblia fue escrita por hombres que pertenecían a una pequeña raza menospreciada. Y vivían en las colinas de un país que no era tan grande como uno de nuestros condados de Texas. No tenían imprentas, no tenían grandes bibliotecas de investigación, no tenía aviones ni barcos de vapor para traer información desde los confines de la tierra, no tenían agencias de noticias ni periódicos que les presentaran las noticias del día. Y, ciertamente, no tenían la ciencia que nos ha desvelado el secreto de las rocas que hay bajo de nosotros y las estrellas sobre nosotros. Sus vidas estaban circunscritas y vivían en un pequeño lugar en la tierra. Bueno, ¿por qué no podemos escribir una Biblia mejor hoy? con nuestra ilustración, nuestro progreso, el conocimiento, la ciencia, el entendimiento y los descubrimientos, ¿por qué no podemos escribir una Biblia mejor hoy? ¿Por qué no podemos convocar a un grupo de los mejores profesores de las universidades más grandes del mundo, y por qué no pueden ellos, estudiando en sus laboratorios, y con las enormes bibliotecas a su cargo? ¿Por qué no pueden llegar a una Biblia mejor? ¿Por qué no? Podría ser, ¿podría ser que, a lo mejor, después de todo, este libro provenga de una fuente diferente a la que cualquiera pudiera pensar? ¿Podría ser? Bueno, ¿por qué no pueden escribir una Biblia mejor? Sin duda, sin duda, de acuerdo con su doctrina, el hombre no está retrocediendo, no está volviendo atrás. Como vemos, son evolucionistas, estamos avanzando, venimos del mono y evolucionamos, como dicen, y yendo hacia arriba y adelante. ¿Por qué no podemos escribir una Biblia mejor? ¿Por qué no?

Cuando miramos al humanista, el secularista, el materialista, el evolucionista y el pseudocientífico, cuando nos fijamos en ellos no evitar recordar a aquellos falsos profetas de Baal, que clamaban en su frenesí, “Baal, Baal, envía el fuego, envía el fuego. “Y estos humanistas, pseudocientíficos y materialistas claman a la materia inanimada,” Revélanos”, gritan,” el significado de la vida. ¿De dónde venimos? ¿Y cuál es nuestro destino? ¿Y cuáles son los verdaderos valores de la vida? Dinos, materia inanimada, dinos. “Y ellos claman a la fuerza ciega con un frenesí mayor que el que leíamos de los profetas de Baal,” Oh fuerzas ciegas del universo, abrid nuestros ojos para que podamos entender el significado de la vida y el destino. Háblanos fuerza ciega.” Y ellos se implican y se visten con una fe y una credulidad que me avergüenza. Tienen una fe y credulidad tan infinita en su materia y sus fuerzas ciegas que me abruman. Dicen que de las fuerzas ciegas y de esa materia inanimada ha surgido la inteligencia y la moral, y todas las cosas que hacen de un hombre un hombre. Está más allá de mi entendimiento.

La forma de las sanas palabras que vienen de Dios, es una revelación de Dios, y fuera de esa revelación nunca entenderemos, nunca percibiremos, nunca sabremos, iremos a tientas todos los días de nuestras vidas. Si apartamos la mirada de la revelación de Dios nunca encontraremos ningún sentido a la vida, nunca encontraremos origen, destino o propósito, nunca. Sólo en la revelación de Dios encontramos las respuestas ansiamos.

La forma de las sanas palabras, este paradigma o síntesis doctrinal que surge cuando estudiamos todas las palabras de Dios, son suficientes y adecuados para todas las necesidades humanas. Dios lo hizo de esta manera. Hay hombres en el mundo académico especialmente, que dicen: “Lo que necesitamos es una nueva aritmética. Necesitamos una geometría ampliada. Necesitamos una trigonometría mejor.” Nos dicen:” Necesitamos una nueva teología. Hemos progresado y hemos gastado la vieja teología de la Biblia. Necesitamos una fe nueva e ilustrada.” Eso es lo que dicen. Bueno, eso estaría bien si hubiéramos cambiado. Si en el pasado los hombres fueran así y asá, y la vieja teología fuera suficiente para ellos, y hoy tuviéramos una nueva creación, un nuevo mundo, una nueva humanidad, y necesitáramos una nueva teología para esta generación avanzada, progresista e ilustrada. El problema es que no hemos cambiado. Somos igual de caídos, gente depravada hoy como lo fueron entonces. No hemos cambiado. Tampoco las grandes revelaciones de Dios que nos preocupan cambia. El pecado siempre es pecado, el juicio es siempre juicio, la muerte es siempre muerte y la condenación es siempre la condenación, y es siempre el mismo diablo el que nos está provocando, siempre el mismo.

Si tuviéramos que encontrar soluciones y respuestas en nuestro progreso ilustrado llegaríamos a la desesperación absoluta, al fracaso abismal. Podríamos buscar siempre el aprendizaje del hombre, pero encontraríamos una respuesta para nuestra depravación pecaminosa. Satanás nunca expulsará a Satanás. Mientras dependamos del brazo del hombre para salvarnos y para liberarnos, no encontraremos nada más que desesperación absoluta y abismal. Lo que necesitamos es la vieja teología, el viejo evangelio, el viejo libro, y la vieja predicación. Lo que necesitamos es levantar la serpiente de bronce, y convocar a los que se pierden en el campamento: “¡Mira, mi hermano! ¡Mira, y vive!” Necesitamos predicar la cruz en la que encontramos remisión de nuestros pecados; y en Su resurrección una esperanza para el mundo que está por venir. La oscuridad de la medianoche nunca se disipará, excepto por el nacimiento del sol, y nuestra esperanza nunca florecerá para la salvación de nuestras almas y la bendición de nuestras vidas hasta que, como dice Malaquías en el capítulo 4, “El Sol de justicia se levantará, con salvación en Sus alas” [Malaquias 4:2].  No hemos cambiado, todavía estamos perdidos. Dios no ha cambiado; él sigue siendo un Salvador capaz y maravilloso. Y el anuncio del bendito camino de la invitación y la salvación de Dios no ha cambiado, sino que es nuestro para siempre. ¡Qué consuelo! Hay fuerza, estabilidad e inalterabilidad en la poderosa auto-revelación de Dios.