Hambre del Pan de Vida

Amos

Hambre del Pan de Vida

January 11th, 1981 @ 10:50 AM

Amós 8:11

HAMBRE DEL PAN DE VIDA Dr. W.A. Criswell Amós 8:11 1-11-81  10:50 a.m.   El mensaje de hoy es el último de la serie de Bibliología y se titula: Hambre del Pan de vida.  En Amós, el profeta Amós, capítulo ocho, versículos 11 y 12:  ...
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1981, Amos

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HAMBRE DEL PAN DE VIDA

Dr. W.A. Criswell

Amós 8:11

1-11-81  10:50 a.m.

 

El mensaje de hoy es el último de la serie de Bibliología y se titula: Hambre del Pan de vida.  En Amós, el profeta Amós, capítulo ocho, versículos 11 y 12:

 

He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.

E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente, discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. 

 

Hambre de la Palabra de Dios. Amós fue un predicador rural. Vivió en Tecoa, que está junto al Mar Muerto, en el desierto de Judea. Y Dios lo envió al Reino del Norte de Israel, a Bet-el, la capital, la corte del rey y la capilla del rey. Allí entregó el mensaje del Señor. La tierra tembló bajo el peso de sus palabras. No podríamos imaginar un contraste más profundo entre lo que Amós estaba predicando y el patrimonio de la nación. Él estaba predicando juicio y la nación se encontraba en su nivel más alto de prosperidad y fortaleza nacional.

Uzías era rey de Judá, el reino del sur, uno de los administradores más sabios y más capaces que Judea tuvo nunca. Reinó durante cincuenta y dos años. Jeroboam II era rey de Israel, el general más hábil que Israel ha tenido. Reinó cuarenta y un años. Los reinos eran estables y esos líderes habían llevado a su pueblo a una riqueza nacional nunca antes vista. Ellos habían recreado la gloria de Salomón en Judá y en Israel. Los pueblos eran maravillosa y abundantemente bendecidos. Amós hace referencia a que tenían casas de verano y casas de invierno. Hace referencia a sus palacios de marfil. Habla de los sofás de marfil sobre los que descansaban. Describe el optimismo ilimitado y desbordante de la nación: “¡Mañana será un día mejor que hoy!”

Entonces, “el Día del Señor”, el que Amós dice que es un juicio de Dios. El Día del Señor, para ellos era un día sin mal o interferencia del cielo. Todo eso en el 760 antes de Cristo y, en el año 722 antes de Cristo, unos años más tarde, ¡la nación era destruida para siempre! Nunca hubo un profeta de nuevo en Israel y nunca la nación volvió a resurgir.

Al pensar en el optimismo abundante y la ceguera de aquellos pueblos a los juicios de Dios Todopoderoso, cuando pienso en ellos y su ilimitada prosperidad y optimismo, pienso en los Estados Unidos de América y su liberal predicador tan famoso en los años treinta, Harry Emerson Fosdick. Fui a escucharlo en la ciudad de Nueva York. Estaba en la cresta de la popularidad teológica liberal: “No más guerra, ¡nunca! No más derramamiento de sangre, ¡nunca! El milenio está a la mano. La paz y la prosperidad son cada vez más universales.” Esa era la predicación de Fosdick y de todos los pequeños Fosdicks que hubieron después de él en sus púlpitos. Eso fue en los años treinta, y en 1939 Hitler desencadenó a sus perros de guerra por todo el mundo y bañó la tierra en sangre humana. ¡Ese es el juicio de Dios Todopoderoso!

Así que en los días de Amós, cuando la nación estaba en su pico más alto de prosperidad, fuerza y estabilidad, Dios tomó a ese predicador rural del desierto de Judea y lo envió a Betel, y allí pronunció la Palabra del Señor. Mientras predicaba, lanzó cuatro juicios de Dios Todopoderoso. El primero se encuentra en Amós capítulo 5, versículo 27: “Os haré, pues, transportar más allá de Damasco, ha dicho Jehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos”.

Y repite este juicio en el versículo 17 del capítulo 7: “…e Israel será llevado cautivo lejos de su tierra”.  El primer juicio de Dios Todopoderoso sobre Israel es que, serían esclavizados, en el exilio y en cautiverio.

El segundo juicio de Dios sobre Israel, basado en el profeta Amós, se encuentra en el capítulo 7, versículo 9:

 

Los lugares altos de Isaac serán destruidos, y los santuarios de Israel serán asolados, y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam.

 

El primer juicio de Dios sobre Israel es que estarían en cautividad. El segundo juicio del Todopoderoso es desolación y devastación.  El tercer juicio de Dios Todopoderoso se encuentra en el capítulo 8 versículo 3:

 

Y los cantores del templo gemirán en aquel día, dice Jehová el Señor; muchos serán los cuerpos muertos; en todo lugar los echarán fuera en silencio.

 

El primer juicio, esclavitud y exilio; el segundo, desolación y devastación y el tercer juicio, ¡muerte en todos lados!  Y los pocos que aún quedan echarán fuera los cadáveres en asombroso silencio.

El cuarto y último juicio es completamente de otra categoría.  El primero esclavitud, el segundo desolación, el tercero muerte y el cuarto, culminante:

 

He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.

E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.

[Amós 8:11-12]

 

¿Qué pensáis sobre esto? ¿Pensáis en un juicio de Dios Todopoderoso de esclavitud, desolación, muerte y que el culminante, maravilloso y último sea un juicio de hambre de la Palabra de Dios?  ¿Qué pensáis de esto?  Tenemos que detenernos ante esto.  En Salmos 74, versículo 9, el lamento ilimitado del salmista Asaf: “No vemos ya nuestras señales; no hay más profeta, ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo.”

Menudo juicio es para un pueblo que Dios no escuche y pase de largo.  Uno de los estribillos solemnes de Amos lo encontramos una y otra vez. En el capítulo 7, versículo 8: ” No lo toleraré más”.  Lo encontramos de nuevo en el capítulo 8 versículo 2:” No lo toleraré más”.

¿Recordáis la Quinta Sinfonía de Beethoven?  Esa nota sentenciosa: “¡Ta, ta, ta—TAH!” ¿Lo recordáis? Y a lo largo de toda la Quinta Sinfonía, ese juicio resonante. Así me suena el Dios Todopoderoso, “Ta, ta, ta—TAH!”.  Exactamente así es con el Señor Dios sobre Israel:

 

No lo toleraré más.

No lo toleraré más.

No habrá más profetas.

No habrá más respuestas del cielo.

No habrá más Palabra de Dios.

 

¡Menudo juicio!

Cuando Saúl fue a la adivina de Endor —algo prohibido en Israel bajo pena de muerte.  Cuando Saúl fue a la adivina de Endor, suplicó que resucitara de los muertos al profeta Samuel.  Y por respeto, en un juicio sobre Saúl, Dios levantó la aparición y el espíritu de Samuel. ¿Recuerdas el lamento de Saúl? ¡Dios mío, qué lamento! Él dijo:

 

Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer.

[1 Samuel 28:15]

 

Y la voz de Samuel dijo:

 

Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos.

[1 Samuel 28:16-19]

 

¿Puedes imaginar un lamento así?  ¡Estoy muy angustiado y presionado y Dios se ha apartado de mí! ¡No hay respuesta del cielo y no sé qué debo hacer ni hacia donde debo ir!

El juicio final y culminante de Dios sobre Israel: Paremos a mirar esto un momento.  El primer juicio era esclavitud, exilio y cautiverio.  ¿Pero qué son la esclavitud, el exilio y el cautiverio si Dios está con nosotros?  Juan, el santo apóstol, fue exiliado a la yerma y rocosa isla de Patmos, allí, a morir de congelación e inanición.  Pero mientras estaba en la isla de Patmos, escuchó una gran voz, como de trompeta.  Se volvió a ver la voz que le hablaba.  Y de pie, con toda Su inobjetable gloria, estaba el resucitado e inmortalizado Señor Jesús. Cuando cayó a Sus pies como muerto, el Señor puso Su mano derecha sobre él como había hecho tantas veces cuando estaba en Su carne, y le dijo: ” No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” [Apocalipsis 1:9-18].

¿Qué es el exilio, la esclavitud, el cautiverio o la prisión si Dios está contigo?  Es el estar sin Dios lo que convierte la esclavitud en un juicio horrible del Todopoderoso.  El segundo juicio era desolación, devastación, pérdida.  Pero, ¿qué fuego, inundación, desolación, o pérdida hay si Dios está con nosotros? Job se sentó en un montón de cenizas y lloró desconsoladamente: ” Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” [Job 1:21].

¿Qué importa si el fuego, las aguas, la devastación, el desastre o la destrucción se llevan todo lo que poseemos, si Dios está con nosotros? No son nada si Dios está con nosotros.

El último juicio era la muerte; ¿pero qué es la muerte si tenemos la promesa de la presencia de Dios frente a nosotros? Cuando apedrearon a Esteban, él miró hacia el cielo. Y allí, cuando el cielo se abrió, vio a Jesús, el Hijo de Dios, a la diestra de la Gloria, preparado para recibir a Su primer mártir Cristiano [Hechos 7:56]. En todas partes en la Biblia, sin excepción, Jesús siempre está sentado a la diestra de la Majestad en lo alto. Ahí está Él. ¿Por qué?  Para recibir a su primer mártir cristiano en la gloria.

¿Qué es la muerte si Dios está ahí, si la Palabra de la promesa de las páginas sagradas está con nosotros para confortar y fortalecer nuestras almas? No conozco un pasaje más sublime de la literatura humana que las últimas palabras que el apóstol Pablo escribió a su hijo en el ministerio:

 

Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

[2 Timoteo 4:6-8]

Es un triunfo.  Nuestra mayor hora de victoria será el día en que las trompetas sonarán al otro lado del río y el santo de Dios vaya a su hogar. ¿Qué es morir si Dios está contigo?  La muerte es nefasta, feroz y terrible solo si Dios no está cerca; si no hay palabra del cielo, si no hay promesa de arriba, si no hay seguridad de que una mano tranquila, dulce y acogedora está extendida a nosotros más allá de la oscuridad de esa profunda aflicción.

Y esta es la tragedia que está arrollando a nuestro mundo moderno.  Nos hemos apartado de la Palabra, que es el Agua de vida y que nos ha tallado, ha roto nuestras cisternas que no pueden contenerla. Hemos cambiado a Dios por un libro de texto sobre humanismo. Nos hemos alejado de la Palabra del Dios viviente y hemos seguido sistemas ciegos, fortuitos y ocasionales.

Nuestros profetas de hoy no son Moisés, Pablo o Juan. Los hemos cambiado por Charles Darwin, Karl Marx y Sigmund Freud.  Cada vez más, nuestro mundo es arrastrado por libros de humanismo, falso intelectualismo, pseudo-ciencia, secularismo, materialismo; todas las cosas en las que se apoya nuestro mundo moderno, dejando a Dios al margen de la ecuación.  Y vemos la evidencia de esto en todas partes.  Arrastrado por la posición teológica liberal de la comunidad académica, los ministros del evangelio en los púlpitos no se refieren, en absoluto, a la Santa Palabra de Dios. Y Dios mira abajo hacia este mundo y hay un día de juicio venidero.

 

Billy Graham expresó: “El hombre está en curso de colisión, probablemente de cara a un tercer holocausto mundial, que podría así, destruir a la humanidad de aquí al año 2000.”

 

El agnóstico, HG Wells, el brillante historiador inglés y crítico social dijo: “El fin de todo lo que llamamos vida está a la mano y no puede ser evadido.”

 

Cito a George Bernard Shaw, dramaturgo irlandés y ensayista. Al final de su vida -murió en 1950- al final de su vida, escribió: “La ciencia en la que está clavada mi fe está en quiebra. Sus consejos, que deberían haber establecido el milenio, nos han llevado directamente al suicidio de la raza humana”.

 

Y por último, Malcolm Muggeridge: “Vivimos en un mundo de progreso científico y materialismo bruto. Hemos sembrado el viento del humanismo egoísta, y Dios nos ayuda, estamos cosechando el torbellino.”

 

Como si el progreso científico que nos traen los aparatos que disfrutamos en la vida nos pudieran salvar, como si los procesos y enfoques psicoanalíticos pudieran salvarnos. Como si todo el cambio de la maquinaria política y la labor de Karl Marx en “Das Kapital” nos pudiera salvar. Nuestro mundo está cada vez más en bancarrota mientras andamos a tientas con súper líderes militares y dictadores totalitarios y mil otras panaceas que nos llevan a la desesperación última y abismal.

Lo que necesitamos, según el rostro del hambre de la Palabra de Dios, es redescubrir la palabra y el mensaje de los profetas y los apóstoles del Señor Dios para nuestras almas, para nuestras vidas, para nuestras casas y hogares, para nuestra nación, para las naciones del mundo, para los pueblos de toda la humanidad. ¡Y qué visión gloriosa de la esperanza sería un retorno a la Palabra y el mensaje del Señor!

¿Recuerdas la lectura en la vida del buen rey Josías, en la reparación del templo? Hilcías, el sumo sacerdote, y Safán, el profeta, vinieron al rey y le dijeron: “¡Hemos encontrado la Palabra del Señor, hemos encontrado el libro de Dios!” [2 Reyes 22:8]. Y esto trajo un gran avivamiento que salvó a Judá del impresionante juicio que cayó sobre Jeroboam.

Tanto si se trata de la Palabra viva (Cristo), o de la Palabra viva (la Biblia), ambos son llamados la Palabra. Cuando exalto la Palabra viva, yo glorifico a la Palabra escrita. Si deshonro a la Palabra escrita, yo menosprecio a la Palabra viva.

Señor Dios, envíanos un maná abundante del cielo. No hambre de la Palabra de vida, sino alimento de ángeles, revelación de Dios, nuestra esperanza y promesa, ahora y para siempre.