El Testimonio de la Palabra Sobre Sí Mismo

El Testimonio de la Palabra Sobre Sí Mismo

November 2nd, 1980 @ 8:15 AM

Hebreos 4:12-13

EL TESTIMONIO DE LA PALABRA SOBRE SÍ MISMA Dr. W. A. Criswell Hebreos 4:12-13 11-02-80     8:15 a.m.   El mensaje de esta mañana basado en la Palabra de Dios, se titula el Testimonio de la Palabra sobre Sí Misma: no hay una descripción propia de la...
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EL TESTIMONIO DE LA PALABRA SOBRE SÍ MISMA

Dr. W. A. Criswell

Hebreos 4:12-13

11-02-80     8:15 a.m.

 

El mensaje de esta mañana basado en la Palabra de Dios, se titula el Testimonio de la Palabra sobre Sí Misma: no hay una descripción propia de la Biblia más detallada que la que se encuentra en Hebreos 4:12-13.

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Nada de lo que Dios creó puede esconderse de él, sino que todas las cosas quedan al desnudo y descubiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que rendir cuentas.

 

Esta descripción no es única, sino que es típica del testimonio que la Palabra da sobre sí misma. En toda la Biblia, de forma innumerable, encontramos la Palabra de Dios hablando de sí misma. El Salmo 119, es el salmo más largo del salterio, es de lejos el capítulo más largo en la Biblia. Todo el salmo es una presentación de la Palabra de Dios. Es un salmo aliteración, sigue el alfabeto hebreo. Hay veintidós letras en el alfabeto hebreo, y cada uno de los ocho versos del salmo comienza con una letra del alfabeto hebreo. Por ejemplo, en la primera sección todos los versículos comienzan con aleph, y luego en la siguiente sección, todos los versículos comienzan con beth, en la siguiente comienzan con gimel, y luego en la siguiente con daleth y he, y así todo el tiempo. Excepto dos versos en el Salmo 119, de 176 versículos, todo él presenta la Palabra de Dios. Muchos, muchos de esos versos que hemos aprendido desde la infancia, como el 11: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.” El versículo 89: ” Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos», y el 105,” Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.” Así en la Biblia estos versículos y capítulos están dedicados a la presentación de la Palabra de Dios.

Cumple el propósito para el cual Dios la envió, confiesa Isaías en Isaías 55:11: “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”. Es poderosa, como Jeremías confiesa en el 23:29: “¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” Es eterna, como dice Jesús en Mateo 24:35: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Es ininterrumpida, como Jesús confiesa en el capítulo 10 de Juan. Tiene en sí el aliento de Dios: “Toda la Escritura es inspirada por Dios” es inspirada, como escribe Pablo en 2 Timoteo 3:16. Y nada le será añadido o quitado, como dice Apocalipsis 22:18-19, esta es la revelación de Dios y nosotros debemos recibirla completamente como Dios nos la ha entregado, sin añadir ni quitar nada.

El Espíritu de Dios está en Su Palabra. Dios mismo está en Su Palabra. Jesús está en Su Palabra. Ambos son llamados la Palabra de Dios, tanto el Señor encarnado como el Libro Sagrado que tengo en mi mano. Cuando exaltamos la Palabra escrita, glorificamos la Palabra encarnada, pero si degradamos la Palabra escrita, deshonramos y entristecemos a la Palabra encarnada. Dios cabalga en Su Palabra como en un carro.

Ahora la descripción tremendamente eficaz, el testimonio de la Palabra sobre sí misma en el pasaje que hemos leído, es una de las mejores presentaciones que tenemos en la Biblia sobre la Palabra de Dios. “Porque la palabra de Dios es viva, zon,” es un participio presente de zao, “vivir”. Zoe es la palabra “vida”, de ahí obtenemos nuestra “zoología”, el estudio de los animales vivos. Zon, “vivo”, es vivir. Hay una vitalidad mística de la Palabra de Dios. Se mueve a sí misma, hace milagros en el alma, tiene una vida que no puede ser destruida. Es como la vida de Dios, ayer, hoy y para siempre. Si la Palabra de Dios fuera enterrada bajo una avalancha de la más alta crítica, se revolvería en sí misma, se desharía de sus obstáculos, como si raspáramos los percebes de un barco de vapor; y se levantaría de la tumba. Si la Palabra de Dios, fuera arrojada a una llama de fuego, caminaría a través de ella y sus prendas no olerían a humo. Si la Palabra de Dios se redujera en mil pedazos, porciones, partes y tiras, cada una de las piezas y partes sería una semilla que daría fruto a ciento por uno. Si se destruyeran todas las copias de la Palabra de Dios, podría ser reproducida a partir de la memoria de los hombres. Si todos los hombres fueran destruidos, podría ser reproducida a partir de la literatura, los monumentos y las inscripciones de los hombres. Si fueran destruidos los cielos y la tierra, podría ser reproducida por los ángeles en la gloria. Como en el salmo que hemos mencionado, 119:89: “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos.”

No solo tiene una vida en sí misma, es zon, está viva, tiene una vitalidad mística, hace milagros en el alma, no solo es su vida indestructible, sino su mensaje siempre es pertinente, moderno, fresco y actualizado. Una de las cosas que encontramos en el estudio de la filosofía es la siguiente: que los sistemas de pensamiento de los hombres han pasado de moda, envejecen y se descartan. Si tomamos la historia de la filosofía, nos damos cuenta de que a través años y años ha habido grandes sistemas de pensamiento que se extendieron por el mundo y fueron muy populares durante un tiempo, luego envejecieron, fueron descartados y perdieron su vitalidad. Son como las prendas que envejecen y se echan a un lado. Los sistemas de pensamiento son como las olas del mar que suben y bajan. Son como las hojas otoñales que caen al suelo y se pierden. Pero la Palabra de Dios nunca cambia, sino que es tan vibrante y vital hoy como hace miles de años.

Mi versículo favorito, Isaías 40:8, dice: ” Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”. ¿No es algo extraordinario? “La palabra de Dios permanece para siempre”. Cuando se seque el Océano Pacífico como un lago muerto, este Libro, la Palabra, seguirá siendo una fuente de agua de vida. Cuando esa gran Sierra Nevada de roca y granito se convierta en montones de polvo, esta Palabra seguirá siendo la Roca de la Eternidad. Cuando las mismas estrellas en el cielo desaparezcan, esta Palabra seguirá siendo la luz del mundo. Y cuando los elementos se disuelvan con calor abrasador, la Palabra todavía hablará de un nuevo cielo y una nueva tierra. “El cielo y la tierra pasarán”, dijo el Señor, “pero mi palabra no pasará.” Está viva, es vida, tiene una vida eterna y un mensaje imperecedero.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz,” energeisenergeis, nuestra palabra “energía, energético”, activo, se traduce aquí como “eficaz” [Hebreos 4:12].  “Porque la palabra de Dios es energeis,” no solo zon, viva, sino energeis, activa, energética, llena de poder dinámico.  Eso es algo notable si tenemos en cuenta el Libro Santo de Dios. Pablo escribió en la cárcel a su hijo Timoteo en 2 Timoteo 2:09, “Estoy obligado, estoy preso, pero la palabra de Dios no está presa”. Como una tremendo Sansón o un Hércules, o Superman, o un Increíble Hulk, rompe todo vínculo en pedazos. Destruye toda barra de hierro. Se salta todas las prisiones. Atraviesa toda cordillera. Visita cada isla del mar. Es de gran alcance. Y cuando la Palabra de Dios es anunciada en la unción del Espíritu Santo, así como al principio el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas, y como Dios decía a la oscuridad primigenia: “Sea la luz, y fue la luz “, hay una omnipotencia en la presentación de la poderosa Palabra de Dios. La Palabra de Dios me convence. La Palabra de Dios me convierte. La Palabra de Dios me consagra. Y la Palabra de Dios me consuela. Es energeis, es poderosa, es activa, está viva. La Palabra de Dios me aplasta y me destruye. La Palabra de Dios me doblega. La Palabra de Dios llora conmigo. Ora conmigo, me predica, me canta. Me lleva a Jesús. Consuela mi alma. Guarda mi vida. Me asegura el cuidado y la presencia amorosa de Dios.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, energeis; es cortante, tomoteros,” que es un comparativo de tomosatom significa “completo, sin cortes”, tomos significa “cortante”; timno significa “cortar”, por tanto tomoteros, el comparativo, significa que es cortante y el comparativo es más cortante, es más cortante, como se traduce aquí, tomoteros, “más cortante, más afilada”.  Y entonces nos da una ilustración: “…más cortante que toda espada de dos filos,” la palabra griega para “dos” es dis, y la palabra griega para “boca” es stoma, y la expresión literal es “de dos bocas”.  De dos filos.  Esta expresión solo se utiliza dos veces: una aquí, y para describir a nuestro Señor Jesucristo en Apocalipsis 1:[16]: “De su boca salía una espada aguda de dos filos.” La Palabra de Dios es tomoteros; es afilada, es más cortante que una espada de dos filos.  Corta en todos los sentidos, está afilada en todas las direcciones. No hay ninguna parte que esté desafilada. Es penetrante. Corta en pedazos aquello que debe ser cortado en pedazos. Como Agag fue cortado en pedazos por Samuel ante el Señor, corta en pedazos lo que debe ser cortado. Y trae a la vida lo que debe ser traído a la vida, como a Saulo en su camino a Damasco, o a los de Berea que buscaban cada día en las Escrituras para ver si estas cosas eran así. El poder de la Santa Palabra de Dios, para cortar, para destruir lo que debe ser destruido y para dar vida a lo que se debe dar vida, es un milagro de Dios.

“La Palabra de Dios es tomoteros, más cortante que toda espada de dos filos”. Entonces tenemos una tremenda descripción del efecto de su corte más agudo: “… y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. La palabra griega que significa “a través de” es dia, y tiene la palabra iknaomai, que significa “pasar”, de modo que dia iknaomai, diiknaomai significa “pasar a través”, traducida aquí “penetra, “diiknaomai”, “pasar a través”. No solo es la Palabra de Dios una espada afilada, cortante, sino que la Palabra de Dios es también diiknaomai, es una daga, es un estoque. Una espada está hecha para clavarla, para perforar; una daga está hecha para clavar y perforar. La Palabra de Dios es así. La Palabra de Dios es fuerte, cortante, y es desgarradora. ¡Su empuje es impresionante!

Un puñal, una daga, una espada, y, sin embargo, la sociedad o el gobierno o la elección del individuo pretenden obviar la Palabra de Dios, ¡que permanece para siempre! Nunca la obviamos. Nosotros nunca somos capaces de descartarla. Nosotros nunca somos capaces de superarla. Nosotros nunca somos capaces de negar su verdad, no en última instancia. Atraviesa como un estoque, corta como una espada, la Palabra del Dios Todopoderoso.

Luego se habla de ella: “…penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Es una palabra hermosa y muy poética e imaginativa: “…penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos”. Yo no creo que la palabra, el texto, signifique que el espíritu se encuentre en un lado y el alma se encuentre en otro lado, o que las articulaciones estén a un lado y la médula esté en otro lado, creo que es una tremenda figura inspirada de que la Palabra de Dios penetra a través, incluso, del hueso y la médula ósea, por lo que atraviesa el alma y el espíritu, dividiéndolo en pedazos.

Y ahora, en este tiempo que nos queda, ¿puedo hablaros de esa división? Esta separación es una de las características del empuje de la Palabra de Dios. Es algo tan notable, para mí, algo milagroso, cómo divide la Palabra de Dios. Divide la vida de un hombre. Aquí estaba perdido, y aquí es salvo. No es el mismo hombre, hay una división en su vida. Dividirá la vida de la gente, entre los salvos y los perdidos, entre los arrepentidos y los impenitentes, entre los que siguen y aman a Dios y los que lo repudian. Es una gran divisora, la Palabra de Dios.

No sé si alguno de vosotros leyó esto o no. Un corresponsal de guerra, escribió un artículo del avance del ejército estadounidense en Okinawa en la Segunda Guerra Mundial. Y lo que dijo el corresponsal de guerra era lo siguiente: que unos treinta años antes, hubo un misionero estadounidense que se dirigía a Japón y pasó por Okinawa, pero tenía prisa. Y en un pueblo llamado Shimabuku, Shimabuku,  ganó, solo por pasar, ganó dos conversos, Shosei Kina y Mojun. Ganó dos conversos a Jesús y los dejó con una Biblia, siguiendo su camino a Japón; treinta años antes. Ahora viene el ejército americano, y mientras avanzan llegan a este pequeño pueblo de Shimabuku. Cuando llegan a esta pequeña aldea, reciben al ejército americano dos ancianos: Shosei Kina era el alcalde de la pequeña ciudad, y Mojun el director de la escuela. Cuando ambos salen al encuentro del ejército estadounidense, los soldados están allí con sus armas, apuntando su artillería y todo su armamento, pero estos dos ancianos saludan y dan la bienvenida a los soldados. Diciendo: “Hace treinta años conocimos a un americano que nos trajo el Evangelio de Cristo, y dejó con nosotros este Libro Sagrado.” Y el alcalde de la ciudad, Shosei Kina, explicó al ejército que su ciudad había sido construida sobre la Palabra de Dios. Todas las personas en el pequeño pueblo eran cristianas, todas ellas; todos ellos. El hermano Mojun era el director de la escuela y su libro de enseñanza es la Biblia. Ese es su libro. Ellos oran, aman a Jesús, le han dado sus corazones en fe al Señor. Pensé en nuestra primera Academia de la Iglesia Bautista para jóvenes. Allí les enseñan el Libro, oran, y cantan alabanzas al Señor Jesús. ¡Qué maravillosa manera de enseñar y educar a nuestros niños y niñas, con el Libro, la gran literatura, el tema y el texto, el Libro! Así que este hombre Mojun explicó a los soldados que su libro de texto era la Biblia, y Shosei Kina, les explicó que las leyes del pueblo estaban basadas en la Palabra de Dios. Los soldados totalmente conmovidos, llamaron al capellán, a los oficiales de inteligencia y al oficial al mando. Y, acompañados por los dos ancianos, hombres cristianos, pasaron por el pueblo. A diferencia de otros pueblos de Okinawa, afectados por la pobreza, llenos de gente ignorante y sucia, las calles estaban limpias, las pequeñas casas brillaban y estaban impecables, la gente era gentil y amable. Mientras los oficiales norteamericanos veían todo esto con asombro, los dos ancianos pensaban que ellos estaban decepcionados, y se inclinaron, diciendo: “Oh, pero señor, deben perdonarnos, somos un pueblo atrasado, pero estamos tratando de seguir al Señor Jesús. ¿Si nos pudieran mostrar cómo hacerlo mejor?” Y los hombres exclamaron: “¿Mejor? ¿Mejor?” Este corresponsal de guerra estadounidense, que presenta la historia, explica: “Mientras caminaba por el pueblo con el duro sargento del ejército, este se volvió hacia mí y me dijo: “Sabes, estoy empezando a preguntarme si no estamos usando las armas equivocadas para cambiar el mundo”. Yo, me pregunto lo mismo.

Lo que hacemos es tratar de cambiar el mundo con el gobierno, la política, los ejércitos, las armas, el poder y la fuerza; cuando el mejor instrumento para el cambio del mundo es la inmutable e inalterable Palabra de Dios. Tenemos que predicarla, enseñarla,  inculcarla en nuestros corazones, hogares, vidas, en nuestros negocios y en los cimientos mismos de nuestro gobierno. Este es el testimonio de Dios en el poder de su Palabra vivificante. Y todos hemos sentido esa gracia salvadora mediando en nosotros a través del mensaje del evangelio del Libro. Llegamos a conocer el nombre de Jesús en este Libro, llegamos a saber cómo ser salvos en este Libro, llegamos a las aguas bautismales por la instrucción de este Libro, y en estos años desde entonces, hemos estado gozosos de reunirnos a escuchar una exposición del mensaje salvador del Libro.

Nuestro Señor, ¡qué maravillosa base sobre la cual construir nuestras vidas, la Palabra y la promesa de Dios! Cuando los cielos desaparezcan y la tierra se disuelva en llama de fuego, la Palabra de Dios permanecerá para siempre. Nuestros pies pueden temblar, pero la Roca sobre la que nos encontramos no se mueve. Podemos estar llenos de temor y duda, pero la Palabra de Dios es nuestra seguridad y nuestra promesa. ¡Oh, bendito sea Tu nombre, que Tú pusiste en nuestras manos una posesión tan preciosa!

duda, pero la Palabra de Dios es nuestra seguridad y nuestra promesa. ¡Oh, bendito sea Tu nombre, que Tú pusiste en nuestras manos una posesión tan preciosa!